Artículos 2015: EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA EN PACIENTES CON ESCLEROSIS MÚLTIPLE

 

Reproducimos uno de los artículos más consultados del blog. Muchas gracias por vuestros comentarios y felicitaciones:

 

La fuerza es un componente fundamental del entrenamiento y de la forma física tanto de las personas sanas como de las que sufren algún tipo de patología. En estas últimas además su entrenamiento bien sea para su conservación – no perder más fuerza de la que ya se ha perdido- o mejora – ganar más capacidad de producción de fuerza que la que se tenía antes de entrenar- puede resultar fundamental de cara al afrontamiento de la enfermedad, en tanto en cuanto puede bien reducir algunos de sus síntomas, bien ganar diferentes aspectos que mejorarán la calidad de vida de los pacientes.

 

En cuanto a la definición del término fuerza podemos encontrar tantas como autores consultemos. Para la comprensión de este artículo basta con entender que la fuerza sirve para vencer una resistencia y esa resistencia puede ser bien el peso de nuestro propio cuerpo, bien un objeto – una pesa por ejemplo-. El efecto de intentar vencer esa resistencia con unos determinados grupos musculares provocará una adaptación en nuestro organismo que nos permitirá primero, vencer esa resistencia y después, ser capaces de vencer resistencias mayores.

 

En el caso de la esclerosis múltiple (EM), son conocidos los frecuentes problemas motores que acompañan al curso de la enfermedad, siendo los más habituales la debilidad muscular, pérdida o problemas con el equilibrio y la espasticidad (1). Estos problemas musculares tienen además en el caso de la EM una doble vertiente: por un lado, la pérdida de capacidad de producción de fuerza debida estrictamente a la enfermedad, y por otro, la pérdida producida debido al desuso, es decir, al acusado sedentarismo en el que caen las personas diagnosticadas, más severo cuantos más años de diagnóstico se tienen (2).

 

Así pues, mejorar nuestra condición física en términos de poder producir más fuerza en cada contracción de nuestros grupos musculares nos ayudará a superar tanto la pérdida de funcionalidad – puede que hayamos dejado de realizar alguna actividad porque nos sentimos muscularmente más débiles- y además, a convertirnos en personas lo más activas posibles, y obteniendo todos los beneficios que el entrenamiento de fuerza proporciona al igual que a las personas sanas, entre ellos como hemos comentado, hacernos más fáciles las actividades básicas de la vida diaria, disminuir el riesgo de caídas y fracturas, disminuir nuestra fatigabilidad y mejorar el estado de nuestro sistema óseo-articular.

 

Por otro lado, recordar dos publicaciones recientes a la par que importantes. Por un lado la de la Dra. Lara A. Pilutti et al (3) en la que se evidencia que la práctica de actividad física no aumenta el riesgo de padecer brotes, esto es, el riesgo de padecer un brote es el mismo para un paciente de EM tanto si practica actividad física, como si no lo hace; y en segundo, el de Skjerbæk et al (4) en el que se demuestra como el aumento de la temperatura corporal es menor en los ejercicios de fuerza que en los de resistencia, por lo que en los pacientes en los que el aumento de calor suponga una pérdida de rendimiento, ánimo, etc., este tipo de entrenamiento sería el más recomendado.

 

En cuanto a recomendaciones y prescripción de ejercicio, recordar que siempre antes de empezar un programa de actividad física debo en primer lugar, comentarlo con mi neurólogo, y en segundo, acudir a personal cualificado del mundo de las ciencias de la actividad física y del deporte, y a ser posible con experiencia en pacientes con EM. Además, los ejercicios dependerán también del curso de mi enfermedad y mi autonomía – grado en la escala EDSS- y capacidad ambulatoria. No obstante, es recomendable realizar ejercicio de fuerza con los grupos musculares que sea capaz de movilizar, y además sin necesidad de ir al gimnasio, en mi propia casa y con materiales sencillos.

 

El American College of Sport Medicine (ACSM) recomienda seguir un programa de entre 4 y 6 meses de duración, dependiendo de los objetivos que queramos conseguir, en el que podremos entrenar de 2 a 3 días a la semana, trabajando con máquinas, peso libre (pesas-mancuernas) o bandas elásticas, 2 series de 8 a 15 repeticiones de cada músculo trabajado. Como es de recibo, se recomienda empezar con 1 serie de 8 repeticiones e ir aumentando con el tiempo tanto unas como las otras. Antes de la sesión de fuerza sería recomendable practicar entre 5 y 10 minutos de ejercicio cardiovascular – bicicleta estática, cinta de andar ó elíptica-.

 

Revisiones más recientes como la de Sandoval (3) recomiendan por cuestiones de seguridad empezar utilizando máquinas de cadena cerrada antes que con pesos libres, por lo menos hasta alcanzar suficiente fuerza y destreza para manejar las mancuernas –pesas- con seguridad. Si se ha de ejercitar en casa, está recomendado el uso de bandas elásticas.

 

En cuanto a la prescripción del entrenamiento, Sandoval (3) cita que se recomienda comenzar con 1 serie de 8 repeticiones de cada ejercicio trabajado de 2 a 3 días a la semana, e ir aumentando repeticiones hasta las 15. Cuando el paciente sea capaz de realizar esta serie 15 repeticiones con comodidad, se pueden aumentar por un lado las series de 1 a 3 – empezando con 8 repeticiones y aumentando de nuevo hasta 15-. Con unos cuantos meses, podríamos incluso llegar a 4 series por grupo muscular. En cuanto a número de ejercicios por sesión, se recomienda comenzar con 4 ejercicios por sesión, pudiendo llegar con el tiempo hasta los 8 ejercicios, trabajando en primer lugar los grandes grupos musculares antes que los más pequeños. Si hemos de priorizar, comenzaremos por las extremidades inferiores, para poco a poco ir ejercitando las superiores.

 

Con todo lo expuesto anteriormente, añadir que siempre que sea posible debo realizar las sesiones cuanto más pronto mejor, en lugares donde si es posible se pueda controlar la temperatura ambiente – locales climatizados- y que, en algunos casos, puede ser necesario el realizar un test de fuerza para poder prescribir el entrenamiento con seguridad.

 

Ramon Jesús Gómez i Illan

Centro de Investigación del Deporte

Universidad Miguel Hernández de Elche

 

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Gallien P. Robineau S. Sensory-motor and genito-sphincter dysfunctions in multiple sclerosis. Biomed Pharmacother. 1999; 53: 380-5.
  2. Gallien P, Nicolas B, Robineau S, Pétrilli S, Houedakor J, Durufle A. Physical training and multiple sclerosis. Ann Readapt Med Phys. 2007; 50: 373-376.
  3. Pilutti LA, Platta ME, Motl RW, Latimer-Cheung AE. The safety of exercise training in multiple sclerosis: A systematic review. Journal of neurological sciences 2014.
  4. Skjerbæk AG, Møller AB, Jensen E, Vissing K, Sørensen H, Nybo L, Stenager E, Dalgas U. Heat sensitive persons with multiple sclerosis are more tolerant to resistance exercise than to endurance exercise. MSJ, 2012; 19(7) 932–940.
  5. Sandoval, A. Exercise in Multiple Sclerosis. Phys Med Rehabil N Am 2013 (24):605-618.
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