Artículos 2015: EJERCICIO DE RESISTENCIA EN PACIENTES DE ESCLEROSIS MÚLTIPLE

Ante las consultas de algunos lectores, volveré a publicar artículos del curso pasado, aunque de algunos temas elabore nuevas revisiones más actualizadas.

EJERCICIO DE RESISTENCIA EN PACIENTES DE ESCLEROSIS MÚLTIPLE

La actividad física de resistencia es la capacidad física y psíquica de soportar el cansancio delante de esfuerzos relativamente largos y la capacidad de recuperación que tenemos después de realizarlos. Deportivamente hablando la resistencia se divide en resistencia aeróbica y anaeróbica. Seguramente hemos oído alguna vez los términos ejercicio aeróbico y anaeróbico sin saber exactamente a que se refieren.

Cuando hablamos de ejercicio aeróbico nos referimos fundamentalmente a aquellas actividades que utilizan como vía metabólica principal la del oxígeno, es decir, aquellas en las que el oxígeno participa en la síntesis química que conduce a la producción de energía. En los ejercicios anaeróbicos el oxígeno no interviene, por lo que nuestros músculos consiguen la energía necesaria para contraerse sin utilizarlo.

Los pacientes de EM tienen la capacidad aeróbica influenciada por el grado de discapacidad. Aquellos con la enfermedad más avanzada pueden ejercitarse por menos tiempo y a una intensidad menor que las personas asintomáticas. Del mismo modo, aquellos con discapacidad en alguno de los miembros tienen menor capacidad aeróbica y además obviamente más difícil la mejora de la capacidad aeróbica, pues el no poder movilizar alguna de las extremidades, más si son las inferiores, impide estimular el metabolismo aeróbico al máximo, y por tanto es difícil trabajar a intensidades más altas. Aún así, incluso aquellos que no son capaces de incrementar su capacidad aeróbica debido a su falta de movilidad deben trabajar resistencia aeróbica para mantener la que aún poseen.

En la prescripción de ejercicio para pacientes con Esclerosis Múltiple (EM), el ejercicio de resistencia predominante será el de tipo aeróbico, y fundamentalmente el de bajo impacto – lo detallamos más adelante-, pues es el que producirá más beneficios con el mínimo riesgo. Como siempre, cualquier actividad física dependerá del estadío de la enfermedad, del grado de discapacidad si la hubiere y previa consulta al neurólogo. Así, la mayoría de estudios referidos están participados por sujetos con EDSS leve-moderada – <6,5 – (1)

Los beneficios de las actividades de resistencia para pacientes con EM están reflejados en la literatura científica desde hace años (2, 3). Recientemente, Gallien et al (4) citaron en una revisión que la debilidad muscular producida por la EM es la consecuencia no sólo de la patología en tanto que afecta al sistema nervioso central, sino también por la falta de ejercitación muscular, concluyendo que los estudios publicados hasta ese año demostraban que entre los beneficios del entrenamiento físico se encontraban la mejora de la capacidad aeróbica. Así, los pacientes de EM obtienen los mismos beneficios del entrenamiento de resistencia aeróbica que los asintomáticos, recomendando estos autores la práctica de actividad física aeróbica regular. Del mismo modo, en 2013, Sandoval (1) realiza una revisión en el que concluye como los estudios publicados hasta la fecha recomendaban el trabajo de resistencia de leve a moderado utilizando ergómetros de brazos, ergómetros de brazos y piernas, ejercicios acuáticos y andar en cinta, lo cual provocaba mejoras en la capacidad aeróbica, el estado anímico, la calidad de vida y depresión (3). Además, el ejercicio de resistencia aeróbica produce adaptaciones de los sistemas neuromuscular y cardiorrespiratorio, mejorando la utilización del oxígeno por la mitocondria permitiendo así una regulación más eficiente del metabolismo muscular. Estas mejoras pueden ser observadas a partir de la cuarta semana de entrenamiento.

En cuanto a la prescripción en sí, y antes de mencionar las posibilidades de ejercitación, es conveniente recordar que la práctica de ejercicio debe ser consultada con el neurólogo, y que la prescripción del mismo es individual, y debe ser llevada a cabo por un profesional cualificado, a ser posible con experiencia en pacientes con EM.

Antes de empezar a practicar, debemos realizar un estudio de las características individuales: grado de EDSS, síntomas asociados – fatiga, termo-sensibilidad, debilidad muscular, discapacidad ambulatoria, etc.-. Además, algunos autores señalan la necesidad de realizar test de condición física, en este caso de nuestra capacidad aeróbica actual, bien con una prueba de esfuerzo sub-máximo en laboratorio, o con una prueba de campo equivalente. Otros autores sin embargo han optado por realizar clasificaciones de los pacientes atendiendo a sus síntomas y recomendando prescripción según los mismos. Petajan y White (5) clasificaron a los sujetos con EM siguiendo una categoría funcional: 1 Normal (ni fatiga ni termo-sensibilidad), 2 Normal con fatiga, 3 Discapacidad Motora Leve-Moderada (requiere ayuda para deambular, ataxia) y 4 Discapacidad Motora Severa (no es capaz de andar, ni de transferirse de la cama a la silla, no puede realizar actividades de la vida diaria).

Atendiendo a otra de estas clasificaciones, Hesen et al (6) proponen en 2006 las siguientes actividades para cada tipo de estadío de la enfermedad:

Nivel de discapacidad Entrenamiento
Ninguno: ni fatiga ni termo-sensibilidad Completamente ejercitable, combinar ejercicios de resistencia y fuerza, aunque evitando deportes extremos.
Leve: fatiga, quizás termo-sensibilidad, pérdida leve de equilibrio Entrenamiento controlado, quizá con necesidad de pre-cooling, supervisión para evitar el sobre-entrenamiento, esfuerzos extremos prolongados desaconsejados.
Moderada: paseos cortos, espasticidad miembros inferiores, ataxia, problemas de equilibrio. Programa de entrenamiento adaptado al déficit presentado, nordic walking, ejercicios fitness en casa, ergómetros de brazos y piernas, ejercicios de fuerza, ejercicios acuáticos.
Severa: no realización de actividades de la vida diaria, imposible caminar ni a lugares cercanos Preservación de movimientos, estiramientos, ejercicios de fuerza orientados a las actividades de la vida diaria, yoga, entrenamiento activo/pasivo de las extremidades.
En cama Preservar movimientos, ejercicios predominantemente pasivos, ejercicios respiratorios.

 

Además de lo anterior, será necesario tener en cuenta la hora del día en que se realiza la actividad (preferiblemente en las horas de menos calor) y si es necesario aplicar alguna técnica de pre-cooling, es decir, bajar la temperatura del cuerpo antes y durante la realización de la actividad si la subida de temperatura corporal afecta a mi rendimiento o a mi bienestar, especialmente si padezco termo-sensibilidad.

El American College of Sport Medicine (ACSM) recomienda los primeros 6 meses actividades como el ciclismo, andar o nadar con el fin de incrementar o aumentar la capacidad cardiovascular, con un una frecuencia de 3 a 5 días a la semana en sesiones de 30 minutos trabajando a una intensidad de entre el 50 al 70% del VO2max, equivalentes a entre un 60-85% de la frecuencia cardíaca máxima (FCmax).

Sin embargo, publicaciones basadas en estudios más recientes, como la citada de Sandoval (1), recomienda actividades denominadas de bajo impacto, que dependiendo de nuestro estado podrán ser, de menor a mayor exigencia: ergómetros sólo de brazos o sólo de piernas, ergómetros de brazos y piernas, bicicleta estática, cinta de caminar y elíptica. Para aquellos que puedan también caminar en la calle o campo, nadar, correr y remar.

En cuanto a la frecuencia e intensidad, recurriendo a la recopilación de Sandoval (1) se recomienda de 2 a 3 sesiones semanales, con duración de cada sesión desde los 10 a los 40 minutos, dependiendo del nivel inicial y de las posibilidades del paciente, y con una intensidad de entre el 50 y el 70% del V02max, correspondiente a un 60-80% de la Frecuencia Cardíaca máxima (FCmax). Otra manera de medir la intensidad es recurriendo a la escala de esfuerzo percibido de Borg, en cuyo caso la intensidad debe ser de un nivel entre 11 y 14 puntos.

Además, resaltar que los 40 minutos de ejercicio aeróbico se pueden realizar seguidos o en bloques de diez minutos a lo largo del día, lo que permite a los pacientes con más problemas de ejecución poder cumplir con la prescripción recomendada.

La progresión del entrenamiento debe ser creciente, empezando con la intensidad más baja e incrementándola semanal o mensualmente, según el caso. Hasta el sexto mes de entrenamiento, el volumen del mismo se puede incrementar bien aumentando el tiempo de cada sesión, bien añadiendo un día más de entrenamiento a la semana. Después del sexto mes de entrenamiento, y si no ha habido problemas y el neurólogo no lo contraindica, se puede realizar un nuevo test de capacidad ya sea en laboratorio o una prueba equivalente de campo para comprobar si se puede trabajar a más intensidad.

Ramon J. Gómez i Illan

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

*Si deseas conocer las referencias, consulta con el autor

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Comments
2 Responses to “Artículos 2015: EJERCICIO DE RESISTENCIA EN PACIENTES DE ESCLEROSIS MÚLTIPLE”
  1. Suni Montero Val dice:

    Me parece muy interesante el contenido de la ponencia. Muchas gracias por vuestro trabajo. Es muy reconfortante para las personas que desgraciadamente padecemos E.M.

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