EM, ejercicio y citoquinas

Los avances farmacológicos han logrado de un tiempo a esta parte  a estabilizar el curso de la esclerosis múltiple (EM), si bien es cierto que la mayoría de los pacientes sufre un progresivo deterioro físico como consecuencia de la misma (Filippini et al., 2013). 

Es sabido que el ejercicio, entendido como aquella actividad física que es repetida y que tiene unos objetivos definidos, es una herramienta segura para no sólo mejorar la condición física del paciente, sino también para mitigar algunos de los síntomas asociados a la patología, como la fatiga, los problemas de equilibrio, o la debilidad muscular (Dalgas, 2011). Además, recientes estudios pretenden demostrar en qué medida el ejercicio físico podría intervenir no sólo en la capacidad física y funcional del paciente, sino también en los procesos inflamatorios y la supervivencia neuronal, es decir, en qué medida el ejercicio podría tener un efecto neuroprotector, atenuando la progresión de la enfermedad (Dalgas & Stenager, 2012).

Las citoquinas son proteínas que regulan el funcionamiento del sistema inmune, y juegan un papel importante en la progresión de la EM (Ozenci, Kouwenhoven & Link, 2002). En personas sanas existe un balance  entre las citoquinas pro- y anti-inflamatorias. En presencia de patógenos este balance cambia, incrementándose las pro-inflamatorias (IL-1, IL-6, IL-12, IL-17, IL-23, TNF-α, INF-γ) y disminuyendo las anti-inflamatorias (IL-4, IL-10, IL-13) lo que produce una respuesta inflamatoria e inmunológica (Ozenci et al, 2002). En personas con EM, este incremento de citoquinas pro-inflamatorias se mantiene en el tiempo afectando a los procesos de inflamación y desmielinización (Pilli, Zou, Tea, Dale & Brilot, 2017).

De otra parte, es sabido que el ejercicio ha mostrado reducir los niveles basales de marcadores inflamatorios en personas sanas (Petersen & Pedersen, 2005) por lo que se podría esperar que pudiera usarse como terapia anti-inflamatoria (Dalgas & Stenager, 2012). No obstante, y aunque la efectividad del ejercicio practicado de forma regular para modular la función de las citoquinas y la progresión de enfermedades con procesos inflamatorios ha sido probado (Bilski et al., 2016) los estudios en pacientes de EM son aún escasos. 

Una reciente revisión sistemática (Negaresh et al, 2018) muestra que si bien hay resultados que pueden mostrar claro efecto anti-inflamatorio tras la práctica de determinados ejercicios, aún existen pocos estudios al respecto y con muchas limitaciones metodológicas, por lo que aún es pronto para afirmar rotundamente qué tipo de ejercicio (aeróbico, de fuerza, una combinación de los anteriores), qué intensidad ó cuánto tiempo sería preciso entrenar para obtener los beneficios esperados. 

Lo que si parece es que a mayor intensidad y cuánto más largos son los períodos de entrenamiento, mayor es el requerimiento energético, obteniéndose los máximos beneficios, sobre todo en individuos nada o poco entrenados con anterioridad (Kirkergard et al., 2016). Con individuos acostumbrados a mayores dosis de ejercicio se requeriría modificar los parámetros intensidad, tipo y tiempo de entrenamiento para conseguir las adaptaciones en lo que a función de las citoquinas se refiere (Negaresh et al.,  2018).Por último, reseñar como también algunos autores sugieren que los programas de ejercicio que consiguen que el paciente pierda peso maximizarían los efectos anti-inflamatorios del ejercicio. Las adipoquinas son citoquinas del tejido adiposo. Una adipoquina importante relacionada con la patología de la EM es la leptina, que promueve la liberación de las citoquinas pro-inflamatorias TNF-α, IL-2 e IL-6. Moktharzade et al (2017) señalan que la pérdida de peso debida al ejercicio en pacientes con EMRR se correlacionaba con  una reducción de leptina y TNF-α, junto con una gran reducción de la fatiga, unida a un aumento en la producción de la citoquina anti-inflamatoria IL-10 (Kraszula et al., 2012). No obstante, serán necesarios más estudios que confirmen esa sugerida conexión con la pérdida de peso inducida por el ejercicio en el sistema inmune.  

Photo by Karolina Grabowska on Pexels.com

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